Protusion. Hernia discal

Protusión y hernia discal

Hoy hablamos sobre las protrusiones y las hernias discales, pero para ello, primero haremos una pequeña introducción en la que explicaremos, que es el disco intervertebral.

DISCO INTERVERTEBRAL

Están situados entre los cuerpos vertebrales de toda la columna vertebral, excepto en las cervicales superiores (C0-C1-C2), el sacro y el coxis.

Están formados por tres partes claramente diferenciadas: El núcleo pulposo (parte interna del disco), el anillo fibroso (parte externa del disco) y por las placas cartilaginosas vertebrales (situadas en la parte superior e inferior del disco, dando sostén a las vértebras y nutriendo la parte interna del disco).

PATOLOGÍA DISCAL: HERNIA O PROTRUSIÓN

La degeneración discal ocurre asintomática en la mayoría de la gente, pero en un 10% de la población que la padece, da lugar a dolores crónicos.

Factores de riesgo:

  • Daños estructurales del disco: lesión del disco, por rotura de las fibras desde la parte más profunda hacia afuera.
  • Herencia genética: factor de riesgo familiar.
  • Ocupación: tipo de trabajo, actividades deportivas…
  • Tabaquismo.

 

El movimiento más dañino para el disco es en flexión + inclinación + rotación (A). En rotación pura no suelen producirse hernias (B).

¿Qué es una protrusión discal?

Una protrusión es un desgarro interno de las fibras del anillo fibroso, que permiten que el núcleo pulposo salga de sus límites, sin llegar a romperse totalmente las fibras del anillo. Esto genera una alteración en las presiones, junto a una reacción inflamatoria en la parte externa del disco, provocando una irritación del nervio y un dolor crónico debilitante.

Esta lesión con el paso del tiempo puede seguir degenerando hasta convertirse en una hernia discal.

La posición que adoptan los pacientes que padecen una protrusión para disminuir el dolor, es cruzada en el 80% de los casos (inclinación hacia el lado contrario al abombamiento discal, que provocará la ruptura de más fibras, pero un reparto de las fuerzas y protruyendo menos) y en el 20% de los casos directa (en la antesala a una hernia discal. Inclinación hacia el lado de la protrusión).

¿Qué es una hernia discal?

Es un desgarro de las fibras del anillo fibroso, favoreciendo que este desborde el cuerpo vertebral y distienda el ligamento común vertebral posterior recibiendo mucha presión; en casos graves este ligamento puede romperse pasando a ser hernias transligamentarias excluidas y entran al canal dural (la duramadre es el tejido que recubre la medula espinal).

Por la localización de la hernia respecto a la raíz nerviosa y/o medula, pueden ser:

  1. Hernia medial o central
  2. Hernia posterolateral o interna (la más frecuente)
  3. hernia foraminal
  4. Hernia extraforaminal o externa (menos frecuente)

La posición que adoptan los pacientes para disminuir el dolor varía en función del tipo de hernia, la más frecuente es la posición antálgica de las hernias posterolaterales, que es directa (inclinándose al mismo lado de la hernia) para alejar la raíz nerviosa de la hernia. En hernias centrales la posición es de flexión (inclinado hacia delante). En hernias foraminales no hay postura antálgica, el paciente cojea y tiene dolor a la bipedestación prolongada, sintiendo alivio al sentarse. En las hernias extraforaminales el paciente se inclinaría hacia el lado contrario de la hernia, para alejar la raíz, pero son casos menos frecuentes.

En el 92% de los casos se puede evitar la cirugía y sus complicaciones, empleando la fisioterapia y la osteopatía: técnicas musculares, ligamentarias, manipulaciones de la hernia (solo es conveniente manipular si el resto de técnicas manuales no han disminuido el dolor. La manipulación no tiene como objetivo mejorar la movilidad, pues estas zonas son ya hipomóviles, buscan aumentar la vascularización, disminuir el espasmo de la musculatura, reducir la presión discal…), técnicas de neurodinamia y técnicas de tracción distracción.

PREGUNTAS FRECUENTES:

¿El tamaño de la hernia influye respecto a la sintomatología?

No siempre tener una hernia mayor implica tener más signos de dolor. Depende del grado de atrapamiento nervioso y el edema. Una hernia grande, afectará más en compresión, pero puede estar situada lejos de la raíz nerviosa y no manifestar síntomas. Una hernia pequeña, puede estar justo en una zona del disco que comprometa la raíz y provoque mucha sintomatología.

Tengo una hernia, ¿voy a tener que operarme?

Las operaciones deben ser siempre la última opción, someterse a una intervención quirúrgica tiene sus riesgos, y hay que agotar el resto de posibilidades antes. En el 92% de los casos puede evitarse la cirugía y sus complicaciones, como hemos mencionado anteriormente

Se aconseja operar a aquellos pacientes que presentan gran sintomatología y no mejoran con rehabilitación, técnicas de tracción-distracción, técnicas de ozonoterapia, medicación…

En muchos casos las hernias pueden reabsorberse, disminuyendo los síntomas con el paso del tiempo. Esto no implica la desaparición de la degeneración discal.

¿Voy a poder hacer vida normal después?

Se sabe por estudios realizados a pacientes sin dolor de espalda, que hay personas que tienen patología discal y no tienen sintomatología alguna, permitiéndoles hacer una vida normal. (Maureen C et al (1994) Magnetic Resonance Imaging of the Lumbar Spine in People Without Back Pain. N Engl J Med 1994;331:69-73)

El ejercicio físico adaptado mientras padecemos síntomas es bueno (sin dolor y sabiendo nuestras limitaciones), nos ayuda a corregir las alteraciones de las cadenas musculares de nuestro cuerpo para reequilibrarlo. Una vez que no se tenga dolor podemos hacer vida normal.

Es conveniente concienciarse en adoptar buenas posturas, tonificar la musculatura de la cintura, llevar una buena alimentación para que el cuerpo no sufra deficits nutricionales e hidratarse correctamente, para evitar recidivas.

– MIOVITAE Fisioterapia & Osteopatía –